Virtual Society
The social science of electronic technologies.
Valiosos documentos en esta web de Hine y Woolgar.
Sphere
Excelente plataforma que abre el mundo blog a sus interrelaciones con el resto de la red. Sorprendente, tomemos algún asunto al azar de la actualidad de estos días: la situación en Palestina, Irán… No solo devuelve la actividad en las bitácoras, sino que lo relaciona con noticias, podcasts, libros sobre el tema buscado…
Más sobre web 2.0
“Lo que da vida a Web 2.0 es el concepto de mashup”, dice Scott Dietzen, responsable de la tecnología de Zimbra.com, un programa open source de colaboración. Permite constituir nuevas aplicaciones gracias a la combinación de servicios provenientes de diferentes fuentes. La web se presenta así como un modelo de consumo y de creación abierta para todos”
Visto en el artículo de Francesc Pisani: Web 2.0: la dimensión tecnológica, en el Ciberpaís
“La red tiene vida propia. Nadie sabe hacia dónde irá”
“–Precisamente eso, el concepto de comunidad, es cada vez más importante en internet. Ahora todo el mundo participa en los contenidos.
–Sí. Ese concepto de comunidad no lo vi claro hasta que apareció el e-mail, en 1972, y empezó a concentrar la mayor parte del tráfico. Entonces sí vi claro que esta herramienta iba a abrir una nueva vía en la forma de comunicarse. Y que la gente iba a entrar en la red para todo. Yo usé el chat por primera vez, en 1973. Estaba en Inglaterra y le pedí a un compañero que me mandara una afeitadora que me había dejado en Los Ángeles. Me conecté a la red, vi que él también estaba allí e intercambiamos mensajes. Fue un uso ilegal de internet, porque fue para algo personal (sonríe).”
Entrevista a Leonard Kleinrock.
“La blogosfera hispana: Pioneros de la cultura digital”
Bloggers conocidos presentan este libro.
Actualización: descargable libremente aquí bajo licencia Creative Commons. (.pdf)
En línea: otro concepto de diario
“Blogging” is a Web-based form of communication that is rapidly becoming mainstream. This paper, reports the results of an ethnographic study of blogging, focusing on blogs written by individuals or small groups, with limited audiences. It also discusses motivations for blogging, the quality of social interactivity that characterized the blogs and relationships to the blogger’s audience.
“Blogging as Social Activity, or, Would You Let 900 Million People Read Your Diary?”, artículo en Zdnet
De intuiciones y etiquetas a herramientas y líneas de investigación
“El término comunidad hace referencia a cosas diferentes, dependiendo de quién lo usa y en el contexto en que lo hace”. La reflexión proporcionada por Nelson, Ramsey y Verner ejemplifica la pluralidad del comodín y avala la necesidad de evitar recrearnos demasiado en la caracterización o no de la validez del concepto de comunidad virtual, toda vez que tenemos todo un cibermundo por explorar y un estimulante conjunto de herramientas con las que ponernos a esa tarea. Probablemente ser conscientes del “sentido dinámico” del que nos hablan Fernback y Thompson respecto de la palabra comunidad, sea una buena recomendación para afrontar este debate.
En apoyo de nuestro trabajo tendremos todo un conjunto de instrumentos, desde la idea de ciberlugar hasta el concepto de asentamiento virtual, de las condiciones de interactividad y variedad de comunicadores, a la necesidad de un nivel de afiliación y la existencia de un espacio-público-común virtual como escenario de las comunicaciones mediadas por computador. Todas esas variables comentadas se pondrán en juego en cada caso específico y desde la línea investigadora que escojamos, desde la pragmática de la CMO a la interacción en lína, a través de las dinámicas internas y estructuras, en función los tipos y esquemas de poder, en torno a la discusión sobre la naturaleza de los vínculos sociales y también cuando nuestro objetivo sea determinar el modo en que internet potencia o no la participación ciudadana en diversos niveles de representación.
Interacción, vínculos y oportunidades
Al acabar la lectura del primer capítulo de Cibersociedad 2.0, un par de preguntas aparecían subrayadas en mi mente acerca de las reflexiones de Steven G.Jones. La primera de ellas, era “¿cómo va a vincularnos la comunicación mediada por ordenador?”.
Me he referido anteriormente a esa preocupación por las fronteras y las recetas, por tomar fotografías exactas en momentos concretos que evidencia esa obsesión por definir “comunidad virtual”. Algo de eso hay en la intuición que Steven G. Jones comenta al hilo de las falsas sensaciones de certidumbre con las que los analistas calman su ansiedad investigadora en la búsqueda de la comunidad. La “congelación” del discurso electrónico de la que hace referencia y su advertencia sobre como la construcción social de la realidad que existe en internet está constituída “en” las redes y no “por” las redes, no son ajenas a la argumentación anterior. Una idea muy ejemplificante para situar el debate es este doble interrogante: Por un lado, cuál es el potencial de la CMO para producir espacio social; y por otro, determinar si es posible que la CMO pueda reproducir relaciones sociales reales en un medio virtual. La respuesta, como tantas otras veces, está en los puntos medios, y en este caso, esas relaciones sociales emergeran en puntos entre esos dos polos de producción y reproducción.
Lastres analíticos como la consideración, a la luz de lo que hemos visto creo que superada, de que la comunidad en la red pueda sustituír a la comunidad fuera de la red, provienen en parte de la desviación promovida por la discusión sobre el propio concepto de comunidad virtual. He subrayado especialmente el aviso de Bender sobre las comunidades: “no están definidas como lugares, sino como redes sociales”, del que Jones destaca como útil definición para el estudio de la comunidad en el ciberespacio. Luego de llamarnos a comprender la CMO como una tecnología social junto a otras actividades y relaciones sociales, Jones recupera a Bender para criticar esa recuperación del concepto tradicional de comunidad para nuevas consideraciones que olvidan “la calidad de las relaciones humanas que tienen lugar en estos contextos”. Esta advertencia realizada en un contexto de hace más de veinte años, toma un nuevo sentido para nuestro debate particular sobre la prescinbilidad de la idea de “comunidad virtual”.
Crónica de muchos “culebrones” posibles
Hay un punto que me interesa destacar especialmente a partir de la lectura del artículo de Nancy Baym, y que pondría en relación con algunas preocupaciones también manifestadas por Liu en su estudio sobre el IRC: el tema de las fronteras posibles de comunidad. Es decir, cuando hablamos de la r.a.t.s. analizada por Baym y sobre dónde acaba o dónde empieza la comunidad, ¿no estamos siendo un poco reduccionistas? ¿Acaso no existen otros grupos relacionados, en el propio estudio así se hace referencia respecto al usenet, así como canales de IRC, webs y foros adicionales donde convergen temas y usuarios en la discusión de los mismos temas que ese grupo de noticias específico objeto de estudio? En este análisis se nos cuenta de hecho, citando a Parks y Floyd, que la gente que establece relaciones en línea las lleva por lo menos a un canal adicional. En ese sentido podríamos entonces determinar que r.a.t.s es parte de una comunidad más amplia de seguidores de culebrones. ¿Hablamos de comunidades y sub-comunidades o pseudocomunidades?
La distorsión que aparece es evidente, y proceso y resultados serán mucho más claros si entendemos que independientemente de esos rodeos se nos está ofreciendo una estructura de herramientas idónea para el desafío investigador. El estudio paralelo de las fuentes de impacto propuestas: contextos externos, estructura temporal, infraestructura del sistema, características de los participantes y propósitos de grupo, así como la atención a las diversas variables que los explican y las propias interrelaciones que entre ellos se establecen, es una guía de trabajo muy adecuada.
Leyendo a Baym también podemos reafirmarnos en la convicción de que más allá del adjetivo “virtual” que se introduce en el escenario de las comunicaciones mediadas por computador, habría que pensar si la otra parte de nuestro concepto en discusión “comunidad”, es motivo de debates similares cuando hablamos de un entorno offline y si eso no es muestra de que más allá del calificativo “virtual” no debiéramos ser más ambiciosos y no tratar de reducir el trabajo a la identificación o no de comunidades virtuales.
Y es que, ¿dónde acaba una comunidad virtual y comieza otra? Dos ideas me gustaría destacar en este momento. Primero, la noción de apropiación que comenta la autora, es decir, que los participantes de una interacción social dada, y a través de esa relación que establecen, se apropian de normas y recursos de fuentes de influencia preexistentes. Me parece muy revelador esa aportación mencionada de la teoría de estructuración y autoorganización, destacando que la apropiación interactiva de recursos anteriores crea nueva estructura, más allá de la que ya existía. Y es que por pueril que pueda parecer el interrogante extraído de Lemos no puede ser más acertado: es la tecnología la que toma vida por si misma “o son las diversas fuerzas de interacción social las que toman posesión de ella y la hacen vivir”.
Estrechamente ligado a esto está la idea de que toda interacción generará un significado social y, en consecuencia, creará un contexto social. Lo importante a mi entender es justamente que profundicemos en los procesos aquí implicados, conscientes de que esas características emergentes puedan consolidar percepciones estables de grupo, momento del que surgen el potencial de que ese grupo sea imaginado como una comunidad, finalidad en el fondo accesoria, y es que como la propia Nancy Baym nos contará al final de su reflexión, ese complejo tejido entre el online y el offline es decisivo, y debiéramos extendernos en el estudio de ese rico conjunto de interacciones entre comunidad online y local, en lugar de “apresurarse a escribir sobre cualquiera de ellas”.
Contacto, socialización, en el tercer entorno
Me parece muy apropiado para este debate el argumento del que parten Feenberg y Bakardjieva: la sociabilidad en línea como un hecho de la cotidianeidad actual. Es una guía de estudio más clarificadora que la que vaya a depender de la decisión sobre si un grupo es o no una comunidad virtual, que como apuntan enseguida, estará en función de esa propia definición de comunidad. Y es que estos mismos autores reconocerán la importancia de profundizar en estos grupos en línea independientemente de las restricciones del “glorificado” y recargado concepto de comunidad virtual.
La preocupación central a la que estos dos autores canadienses se refieren, me parece en lo básico una recuperación del debate sobre las aportaciones ciberoptimistas o pesimistas, de las perspectivas teóricas denominadas normativas. Es decir, tenemos por un lado a quienes ven en la promesa tecnológica de ese conjunto de interactividad, capacidad, velocidad y flexibilidad un futuro de creciente acceso y disponibilidad de información que, necesariamente y según los defensores de estas hipótesis tendrían un potencial transformador clave en las sociedades democráticas, estimulando el contacto entre los ciudadanos por una parte, y por otra de estos con sus representantes políticos en las instituciones.
Por otra parte, teniamos esas predicciones respecto a las TIC como factor por ejemplo impulsor de las diferencias socioeconómicas preexistentes, y el peligro de que solo una élite estuviese accediendo a estos nuevos entornos, convirtiéndolos en un escenario de reproducción de unos intereses reducidos y exclusivos. Feenberg y Bakardjieva subrayan también que por este lado los pronósticos se demostraron exagerados y mencionan estudios que echan por tierra esas posiciones.
Así, destacarán que los nuevos escenarios virtuales se ponen en juego un conjunto tanto de viejas como nuevas formas de sociabilidad humana y que en definitiva lo que internet está ofreciendo es un flexible espacio comunicativo que puede ser determinado en una variedad de formas por los grupos de personas que en un momento dado se impliquen y motiven en su construcción.
Proceso, variables, criterios y condiciones, frente a definiciones
Pensaba leyendo a Liu en la confusión entre la herramienta y el uso que de ésta puede hacerse, que surge de la lectura de su informe. Es decir, extraer un perfil de uso que presuntamente pueda aplicarse de forma genérica al IRC aparece claramente excesivo, y vemos que lo más que podremos es definir las características de un canal de IRC concreto y sacar conclusiones sobre las relaciones que sus miembros establecen entre si.
Es bien cierto que Liu señala de forma explícita su interés en poner a prueba la existencia de una comunidad virtual, pero el propio proceso que nos explica en ese desafío, dá muestra de que el ideal impreciso de “comunidad virtual” no es lo relevante en ese estudio. El contexto relacional estudiado es interesante en si por el conjunto de factores y variables que pueden ser definidos y contrastados empiricamente, en un proceso donde a mi entender lo de menos es tratar de ajustarlo a un molde tipo de “comunidad virtual”. Esa presunta conquista no aporta nada a la investigación.
Pensemos por ejemplo en el esqueleto básico de las teorías de Jones que Liu aplicará en este caso, y en las condiciones que establece para conceder su definición posible: aún cuando el investigador constate que cumpliéndose y determinando el contexto según ese patrón pueda existir o no una comunidad virtual, el grado en que esos requisitos de interactividad, variedad de comunicadores o demás se cumplan, todos los matices que diferenciarán a uno u otro objeto de estudio no podrán nunca ser obviados. Es decir, en último caso, sabremos que estamos hablando de realidades diferentes, y las digresiones sobre el propio concepto de comunidad virtual son innecesarias en este caso, lo importante es el proceso específico y las conclusiones que definen a algo como lo que en realidad es.
Las aportaciones de Liu me resultan útiles en ese sentido para esta argumentación, aunque reconozco que en ese sentido, hubiese preferido que se orientase de otro modo por ejemplo el aspecto relativo a las “fronteras de comunidad virtual”, de las que él habla en el contexto concreto del IRC. Del mismo modo, me parece una renuncia criticable que pretenda partir de la convicción de que una comunidad dada no desarrollará sus actividades en más de un canal a la vez o que sus usuarios no tendrán una actividad significativa más allá de un canal estudiado. De hecho, la restricción técnica de la que habla, recordemos que el artículo se ha escrito en 1999, es inexistente hoy en día, donde existen aplicaciones alternativas para el IRC que permiten esa navegación en múltiples canales y con identidades diversas en distintos canales y de forma simultánea.
Moodle: plataforma libre de e-learnig
“Lo que gusta a los profesores de Moodle es que es código abierto y libre. Así, pueden modificar, crear y añadir módulos y aplicaciones a su gusto y compartirlos con otros docentes. Más de mil personas de la comunidad educativa española participan en la comunidad Moodle, aportando soluciones pedagógicas, informáticas, de diseño o detectando errores. Es software para profesores hecho por profesores”
Visto en el Ciberpaís
SCOT: algunas críticas
“Abriendo la caja negra y encontrándola vacía”, así reza el título de este artículo de Langdon Winner citado en la enciclopedia libre como crítica destacable al modelo comentado:
“In it, he raises a few problems with social constructivism:
It explains how technologies arise, but ignores the effects of the technology after the fact.
It is a social construction of knowledge in itself, subject to the same limitations as it postulates (”Who says what are relevant social groups and social interests?”)
It disregards dynamics which are not due to its “preferred conceptual strawman: technological determinism.”
Wiebe Bijker: algunos recursos
Aquí la página personal del autor, con algunos materiales disponibles para lectura. Acabo de descargar “The Vulnerability of Technological Culture”, que comenta sobre la vulnerabilidad de las sociedades modernas tomando como punto de partida los ataques del 11 de septiembre de 2001 en New York.
Comunidad virtual: debate engañoso
A modo de experimento, me incluyo en la tercera opción posible acerca de ‘comunidad virtual’: “el concepto puede llevarnos a un falso problema”
no argumentaré el extremo de que el concepto no aporte nada, pero si que su aplicación a la investigación sobre internet como espacio social nos conduce a un debate que puede resultar estéril.
Así pues, argumentaré en primer lugar y en favor de esta posición que la puntualización “virtual” respecto a las comunidades a las que nos estamos refiriendo me parece reduccionista, porque nos restringe en exceso a ese ámbito estricto de las comunicaciones mediadas por computador, dejando fuera todo un conjunto complejo de factores relacionados que influyen desde el propio entorno real. Y paradojicamente, el propio conjunto “comunidad virtual” resulta deficitario para la definición exacta de ámbitos de estudio que por su amplitud y diversidad deberían requerir de un esfuerzo teórico más ambicioso.
Es decir, especular a favor o en contra de la definición de “comunidad virtual” para un determinado entorno de interés conduce a conclusiones engañosas, introduce el peligro de afrontar nuestros análisis con recetas teóricas que prejuzgan determinadas claves y dan por supuesto una serie de factores asociados.
Desprendernos de esa receta, obviando la discusión en torno a esa definición de comunidades virtuales, permite afrontar cada reflexión sin esos lastres, desde el desafío que en si mismo ofrece cada objeto de interés al que nos enfrentemos, y la definición que se construirá en función de sus características propias, en primer lugar, y de su relación con otros centros de atención próximos, por otro lado.
El modelo SCOT: pensando una bicicleta
Cuando azarosamente di con este artículo: “The Social Construction of Facts and Artifacts: or How the Sociology of Science and the Sociology of Technology Might Benefit Each Other”, de Trevor J.Pinch y Wiebe E.Bijker, creí que había tenido referencia a él a través de Woolgar, aunque luego, revisando mis notas comprobé que había sido inicialmente a través de “Etnografía virtual”, de Hine, ampliando sobre el modelo de construcción social de la tecnología posteriormente en el artículo antes comentado de Tirado y Domènech.
Acaso por mi pasado juvenil en torno a la bicicleta, literalmente, ya que dejé de competir estando en esa categoría, se me antoja muy adecuado el ejemplo de la bici para constar la existencia de esos juegos de fuerzas entre definiciones varias de tecnología y “una versión final que refleja de algún modo las aportaciones de los grupos sociales relevantes”.
Cuestionamiento como motor
Mientras meditaba sobre la forma de afrontar este nuevo desafío alrededor del concepto de comunidad virtual, y decidía la opción desde la cual argumentar, una idea de Woolgar se me ofreció como estimulante herramienta: la necesidad de definir una forma que nos permita a la vez “retener los términos y suposiciones centrales tal y como comunmente han sido formulados” y por otro lado, “cuestionarlos a medida que avanzamos en nuestras investigaciones”. En resumen, “trabajar tanto con la versión estándar como con la no tan estándar de la lógica investigadora”.
Taller sobre internet e identidad
“It used to be said that on the Internet no one knows you’re a dog. But why should any Netizen limit him, her or itself to a single alter-ego when it’s so easy to have multiple personae in different…”
Interesantes posibilidades y desafíos serán debatidos aquí.
Internautas en tanto que consumidores
Ciao y Dooyoo son modelos parecidos de comunidad destinada a internautas en tanto que consumidores. Sirven de modelo de provisión de información, gratifican a sus usuarios en función de sus aportaciones, no solo en cantidad, sino también en calidad, ya que el resto de los visitantes puede puntuar las valoraciones realizadas de diversos objetos de consumo o servicios.
Isla virtual: el primero
Ampliando sobre lo anterior, me encuentro con que Jacobs no fue el primero. Un usuario apodado Deathifier, 23 años, se gastó 24 mil dólares en una isla virtual. Ahora, aseguran que ha recuperado su inversión.
Negocios reales en el mundo virtual
Jon Jacobs se ha gastado 100 mil dólares en un terreno virtual. Está en un “satélite” también virtual, y allí pretende construír un club nocturno al que invitará, ¿contratará?, a djs reales a pinchar música para sus visitantes.
Ahora que se habla tanto de la burbuja inmobiliaria…
“Creo de veras que en la próxima década juegos y realidad virtual cambiarán la cara de la cultura popular”, dece Jacobs.
“Actor-red”: un ejemplo etnográfico
Trataba de ampliar sobre las propuestas revisadas anteriormente al hilo del postulado de heterogeneidad, y por suerte, aunque me conformaba con algunas precisiones teóricas me encuentro con un magnífico ejemplo de aplicación etnográfica.
Se trata de un estudio de Daniel López Gómez, becario del Departament de Psicologia Social, Facultat de Psicologia, Universitat Autònoma de Barcelona, que aplica la teoría del actor-red al análisis espacial de un servicio de teleasistencia domiciliaria.
Redes Sociales temáticas
Música y libros son los recursos sobre los que Socialogue propone compartir referencias a los internautas. Cada usuario puede crear un catálogo personal, con descripción, recomendación o advertencias, y ponerlo a disposición de la red, que comenta y comparte opiniones acerca de ellos. Tiene capacidad de interrelacionar con los propios recursos de otros programas, caso de iTunes, en el caso de referencias musicales, o de Librarythinking, en cuanto a catálogo literario.
Entropia Project
“Entropía es una universo virtual masivo. Ubicado en un lejano futuro de ciencia ficción, los participantes asumen el rol de colonos que deben desarrollar el indómito planeta de Calypso”.
Aquí tenemos un interesante objeto de estudio desde el punto de vista de las comunidades virtuales. Sorprende su propuesta de “vida” virtual en torno a valores extraídos de la vida real pero construyendo al tiempo un nuevo entorno ciberespacial. La clave de su rentabilidad está en su fértil actividad económica, con sus participantes comerciando con “riquezas” virtuales: 10 unidades de su moneda local equivalen a un dólar real.
Entre Comunidad y Red social
En los próximos días se supone que habremos de profundizar en lo conflictivo del propio término que le dá nombre a esta materia: “Comunidad”. Mirando por encima las lecturas propuestas el debate aparece interesante. A priori, me pregunto si frente a esa llamada de atención sobre la oportunidad o no de usar con ligereza esa denominación de “Comunidad”, no dispondremos de alternativas lingüísticas susceptibles de adaptarse a nuestras necesidades teóricas. Red Social? (Social Network) Círculo de amigos? Qué precisiones podemos hacer respecto a cada uno de estos conceptos?
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