Comunidades Virtuales

Crónica de muchos “culebrones” posibles

Hay un punto que me interesa destacar especialmente a partir de la lectura del artículo de Nancy Baym, y que pondría en relación con algunas preocupaciones también manifestadas por Liu en su estudio sobre el IRC: el tema de las fronteras posibles de comunidad. Es decir, cuando hablamos de la r.a.t.s. analizada por Baym y sobre dónde acaba o dónde empieza la comunidad, ¿no estamos siendo un poco reduccionistas? ¿Acaso no existen otros grupos relacionados, en el propio estudio así se hace referencia respecto al usenet, así como canales de IRC, webs y foros adicionales donde convergen temas y usuarios en la discusión de los mismos temas que ese grupo de noticias específico objeto de estudio? En este análisis se nos cuenta de hecho, citando a Parks y Floyd, que la gente que establece relaciones en línea las lleva por lo menos a un canal adicional. En ese sentido podríamos entonces determinar que r.a.t.s es parte de una comunidad más amplia de seguidores de culebrones. ¿Hablamos de comunidades y sub-comunidades o pseudocomunidades?

La distorsión que aparece es evidente, y proceso y resultados serán mucho más claros si entendemos que independientemente de esos rodeos se nos está ofreciendo una estructura de herramientas idónea para el desafío investigador. El estudio paralelo de las fuentes de impacto propuestas: contextos externos, estructura temporal, infraestructura del sistema, características de los participantes y propósitos de grupo, así como la atención a las diversas variables que los explican y las propias interrelaciones que entre ellos se establecen, es una guía de trabajo muy adecuada.

Leyendo a Baym también podemos reafirmarnos en la convicción de que más allá del adjetivo “virtual” que se introduce en el escenario de las comunicaciones mediadas por computador, habría que pensar si la otra parte de nuestro concepto en discusión “comunidad”, es motivo de debates similares cuando hablamos de un entorno offline y si eso no es muestra de que más allá del calificativo “virtual” no debiéramos ser más ambiciosos y no tratar de reducir el trabajo a la identificación o no de comunidades virtuales.

Y es que, ¿dónde acaba una comunidad virtual y comieza otra? Dos ideas me gustaría destacar en este momento. Primero, la noción de apropiación que comenta la autora, es decir, que los participantes de una interacción social dada, y a través de esa relación que establecen, se apropian de normas y recursos de fuentes de influencia preexistentes. Me parece muy revelador esa aportación mencionada de la teoría de estructuración y autoorganización, destacando que la apropiación interactiva de recursos anteriores crea nueva estructura, más allá de la que ya existía. Y es que por pueril que pueda parecer el interrogante extraído de Lemos no puede ser más acertado: es la tecnología la que toma vida por si misma “o son las diversas fuerzas de interacción social las que toman posesión de ella y la hacen vivir”.

Estrechamente ligado a esto está la idea de que toda interacción generará un significado social y, en consecuencia, creará un contexto social. Lo importante a mi entender es justamente que profundicemos en los procesos aquí implicados, conscientes de que esas características emergentes puedan consolidar percepciones estables de grupo, momento del que surgen el potencial de que ese grupo sea imaginado como una comunidad, finalidad en el fondo accesoria, y es que como la propia Nancy Baym nos contará al final de su reflexión, ese complejo tejido entre el online y el offline es decisivo, y debiéramos extendernos en el estudio de ese rico conjunto de interacciones entre comunidad online y local, en lugar de “apresurarse a escribir sobre cualquiera de ellas”.

Abril 21, 2006 Publicado por comunidadesvirtuales | Autores, Baym, N., Liu, G. | | Aún no hay comentarios