El modelo SCOT: pensando una bicicleta
Cuando azarosamente di con este artículo: “The Social Construction of Facts and Artifacts: or How the Sociology of Science and the Sociology of Technology Might Benefit Each Other”, de Trevor J.Pinch y Wiebe E.Bijker, creí que había tenido referencia a él a través de Woolgar, aunque luego, revisando mis notas comprobé que había sido inicialmente a través de “Etnografía virtual”, de Hine, ampliando sobre el modelo de construcción social de la tecnología posteriormente en el artículo antes comentado de Tirado y Domènech.
Acaso por mi pasado juvenil en torno a la bicicleta, literalmente, ya que dejé de competir estando en esa categoría, se me antoja muy adecuado el ejemplo de la bici para constar la existencia de esos juegos de fuerzas entre definiciones varias de tecnología y “una versión final que refleja de algún modo las aportaciones de los grupos sociales relevantes”.
Examinando ese “Malding” que llevamos dentro
Para completar la reflexión sobre Woolgar me parece oportuno saltar en este punto al texto de Miquel Domènech y Francisco Javier Tirado, “El papel de las nuevas tecnologías en la producción de conocimiento”, para ahondar en esa importancia de la relación entre los aspectos sociales y técnicos de las tecnologías de la información y la comunicación. Parto de ese didáctico descubrimiento, vía ejemplo sobre el espectómetro, el “Malding” que recupero para mi sugerencia un tanto heterodoxa en el título de este comentario, y esa percepción de los difusos límites entre ciencia y tecnología, al tiempo que nos percatamos de su estrecha relación, para luego del relato de Galileo y la consecuente conclusión sobre lo inapropiado de la concepción tradicional de la relación entre ciencia y tecnología, encontrarme directamente con ese “postulado de heterogeneidad”.
Cuando siguiendo a Woolgar vimos de las limitaciones del estudio de las experiencias reales en la utilización de las tecnologías, y concluímos que para comprender sus implicaciones sociales debíamos además echar mano de esa actitud “escéptica”, ya estábamos vislumbrando ese dilema entre los determinismos tecnológicos y sociales: “imperfectos”, ni uno nin otro son dominantes, siendo que lo social “está constituido tanto por lo técnico como por lo social”. Según la cita de Law y Bijker: “Donde había pureza, ahora hay heterogeneidad”.
Las tres propuestas al hilo de este postulado ofrecen interesantes rastros hacia nuestra meta: desde el enfoque de sistemas se habla de homogeneidad construída desde una multiplicidad; en torno al modelo de construcción social de la tecnología nos referimos a tecnología y sociedad como un único entramada de relaciones; y la teoría del actor-red implica la apropiación del mismo “valor y estatus ontológico” en esos actores red, en tanto que seres humanos y coas, relaciones sociales y artefactos técnicos.
“La idea del niño que “no se desplaza espacialmente, pero avanza…
…porque está-ahí y, a la vez, está-allá, convertido en otro, en ese otro que sus ojos no dejan de observar” sirve como pista inspiradora para un nuevo giro a aquella línea de pensamiento y reafirmarme en la necesidad de demorar el camino investigador en todos esos matices que sugiere la perspectiva etnográfica, revelando especialmente esa tercera polaridad a la que se refiere Tirado en la “diferencia entre lo virtual tecnocientífico y lo virtual producido en y gracias a las tecnologías de la información y la comunicación”. De ahí, y a las lecturas de Hine y Woolgar podríamos recurrir nuevamente, la idea de “infovirtual”. Coincido en la consideración del autor: “en la actualidad prácticamente todo mundo virtual tecnocientífico es infovirtual”.
La profundización que desde otras perspectivas hemos comentado alrededor de las novedosas formas de construcción de contextos y escenarios, participativos y modificables, generadoras de experiencias y difusoras de nuevas interpretaciones en torno a “identidad, comunidad, relaciones, interacción, realidad, humano…”, viene aquí a ofrecernos una explicación precisa e interrelacionada de lo que podemos entender por “Realidad virtual”, “Simulación” y “ciberespacio”, como esas “tres nociones articuladas en una misma totalidad” de las que “ninguna de las tres puede existir por separado en la forma en que se manifiestan actualmente, se necesitan las unas de las otras”, actuando en la creación de formas sociales novedosas salidas de su interrelación.
Virtual y humano: “humanizar E3″
Reflexionando sobre “La insoportable densidad de lo virtual” de Francesc Tirado, me encuentro con una renovada perspectiva sobre la idea que me había formado leyendo hace meses a Javier Echeverría. La idea de partir del poema de Whitman, “Había un niño que avanzaba, cada día,/y el primer objeto al que miraba,/en aquel objeto se convertía”, anima a nuevas consideraciones. Recuerdo que en algún punto de la lectura de Echeverría había pensado sobre como las estructuras de poder de la “galaxia internet”, estaba condicionado en aquel entonces también por la revisión paralela del texto de Castells, venían demostrando la voluntad de adaptarse y buscar la forma de incorporar nuevas dinámicas socio-virtuales, nacidas en los márgenes de la red y demostradamente existosas.
“Socio-virtual” era una idea que en ese momento estaba, de algún modo, construyendo conceptualmente para intentar esxplicarme una serie de situaciones. Leyendo a Echeverría y su teorización sobre el tercer entorno, me quedaba en ese momento con el importante componente social y humano del desarrollo y difusión de las nuevas tecnologías. Mi preocupación en ese momento era ampliar el ámbito de interés y pensar no sólo en problemas tecnológicos, económicos y políticos, sinó también en características estrictamente sociales. Si bien los primeros mencionados, desde factores tecnológicos a condicionantes económicos, resultaba más evidente su influencia en la construcción de ese tercer entorno virtual, ampliaba así las implicaciones reflexivas. Así, y si de un modo más restringido quedaba claro que el éxito de una innovación tecnológica dependería no solamente de criterios de valoración tecnocientíficos y económicos, llegaba a lo que Echeverría definía como objetivo último: “humanizar E3″.
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